Algunos de los vacunados tenían respuestas inmunes mucho mejores que otros. Concretamente, quienes habían superado la covid previamente. «Vimos que sus anticuerpos llegaban a niveles astronómicos, muy por encima de la respuesta que se obtiene con dos dosis de vacuna solamente», explica Rishi Goel, inmunólogo de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia, en la revista Nature.

Goel es uno de los científicos que, desde entonces, se dedica a estudiar esta ‘superinmunidad’ contra la covid, también llamada “inmunidad híbrida”, para tratar de entender qué hay detrás. Esa especie de “superpoderes” contra el coronavirus que desarrollan quienes superaron la infección antes de vacunarse.

Cuando empezaron a estudiarlos, vieron que su suero (sangre con anticuerpos) era mucho más capaz de neutralizar variantes que comprometían la respuesta inmune, como la Beta (sudafricana), y que en general respondían mucho mejor frente a todas, en comparación con los llamados ‘individuos ingenuos’: personas vacunadas que nunca antes se habían enfrentado al SARS-CoV-2.

Lo que no tenían claro era el motivo: ¿era solo porque sus niveles de anticuerpos neutralizantes eran más altos, o había algo más? Actualmente, tienen más datos sobre por qué ocurre esto, y sí, hay algo más. Los estudios más recientes sugieren que esa ‘superinmunidad’ o “inmunidad híbrida” de los vacunados que se infectaron previamente se debe, sobre todo, al papel que juegan las células B de memoria (aunque no sólo).

Antes del verano, conocimos los resultados de varios estudios que permitieron afirmar que la inmunidad natural contra la covid puede durar años. Al menos un año, se dijo entonces, porque era el tiempo máximo que había podido estudiarse. Pero se vio también que esa respuesta inmune no es estática, y que la inmunidad celular va mejorando con el tiempo, por lo que los investigadores ya apuntaron que esa buena respuesta podía prolongarse más: muchos años, o incluso toda la vida.

Otra cosa que descubrieron es, precisamente, que la inmunidad evolucionaba de manera muy distinta en los vacunados que habían pasado la covid y en los que no. Y concluyeron que los que han superado la infección y se vacunan después, tienen una respuesta inmune más potente que los vacunados que nunca se infectaron. Su respuesta es “extraordinaria” con una sola dosis de la vacuna.

Por varios motivos:

  • Porque no es lo mismo luchar contra un virus vivo que contra una sola de sus proteínas, que es la respuesta que induce la vacuna (diseñada en base a la proteína S de la espícula)
  • Porque sus células B de memoria están activas y trabajando en la fábrica de anticuerpos desde mucho antes de recibir la vacuna: se instalan en la médula ósea tras la infección y pueden producir anticuerpos de forma persistente, siempre que sea necesario
  • Porque esas células B de memoria van haciéndose más fuertes con el paso del tiempo, tardan meses en madurar: aunque las vacunas también generan esas células B, los infectados que las generaron antes, tras la infección, les llevan ventaja.

    La mayor parte de los anticuerpos que se generan tras la infección o la vacunación provienen de células de vida corta, llamadas plasmablastos, y los niveles de esos anticuerpos disminuyen cuando estas células mueren. Pero esas otras células B de memoria, de larga vida, producen anticuerpos mucho más potentes que los plasmablastos.

    Lo explica en Nature Michel Nussenzweig, inmunólogo de la Universidad Rockefeller de Nueva York. Cuando las personas que se recuperaron de la covid se vuelven a exponer al SARS-CoV-2, al vacunarse, sus células B se multiplican y producen muchos más anticuerpos de ese tipo. Y además, muy rápido. 

    Respuesta inmune diferente en infección y en vacuna

    Otra de las bases de esta ‘superinmunidad’ se asienta en la diferente respuesta inmune que desencadenan la infección y la vacunación. Tanto en cuanto a células B de memoria como en relación con los anticuerpos.Estos últimos son más versátiles, más potentes y más estables tras la infección.

    En diversos estudios, el equipo de Nussenzweig comparó las respuestas de anticuerpos de personas infectadas y vacunadas. La infección natural desencadenó anticuerpos que continuaron creciendo en potencia y amplitud un año después de la infección, mientras que la mayoría de los anticuerpos generados tras la vacuna dejaron de evolucionar en las semanas posteriores a la segunda dosis.

    Por otro lado, los anticuerpos generados tras la infección son más versátiles: se dirigen (atacan) a varias regiones y proteínas del coronavirus (no sólo a la proteína S, como la vacuna). Los infectados vacunados producen niveles mucho más altos de esos anticuerpos, y además, son más estables, según el inmunólogo Duane Wesemann, de la Escuela de Medicina de Harvard.

    En cuanto a las células B de memoria, lo que han visto es que las que evolucionaron después de la infección tenían más probabilidades de producir anticuerpos neutralizantes contra las variantes más peligrosas, como Beta o Delta, que las que se generaron con la vacuna.

    Los infectados que se vacunan salieron con ventaja

     “No es sorprendente que las personas infectadas y vacunadas estén obteniendo una buena respuesta”, dice Ali Ellebedy, inmunólogo de la Universidad de Washington. Y lo explica.

    Porque pueden pasar meses hasta que un grupo de células B de memoria se establezca y madure. Entonces, cuando comparamos a infectados vacunados con personas que solo reciben la vacuna, «estamos comparando a alguien que comenzó la carrera hace tres o cuatro meses con alguien que comienza la carrera ahora».

    Aunque los inmunólogos también avisan. Todo indica que, a medida que pasa el tiempo, las personas que recibieron las dos dosis de la vacuna sin estar previamente infectadas pueden estar poniéndose al día. Goel y su equipo han encontrado señales de que, seis meses después de la vacuna, las células B de memoria de “individuos ingenuos” (no infectados previamente) continuaban creciendo en número y desarrollando mayor capacidad para neutralizar variantes del virus.

    Aunque sus niveles de anticuerpos habían ido cayendo con el paso del tiempo, estas células están en condiciones de producir nuevos anticuerpos si se encuentran con el SARS-CoV-2. «Tienen un equipo de células B de memoria de alta calidad, que está ahí para protegerles si alguna vez vuelven a ver ese antígeno», explica Rishi Goel en Nature.

    ¿La tercera dosis puede acercarnos a la superinmunidad?

    Por eso, los inmunólogos advierten de que esto no ha terminado, ni mucho menos. Habrá que seguir estudiando qué ocurre en los “solo” vacunados a medida que sigue pasando el tiempo. ¿Una tercera dosis de la vacuna podría hacer que obtengan los mismos beneficios que los ‘superinmunes’?Matthieu Mahévas, inmunólogo del Instituto Necker de París, cree que sí. Y que ampliar el intervalo entre las dosis de la vacuna también podría imitar aspectos de esa ‘superinmunidad’ o “inmunidad híbrida”.

    Esto último es algo que ya se ha visto, de hecho, en lugares donde se amplió ese intervalo, como en la provincia canadiense de Quebec. Los que recibieron la segunda dosis semanas más tarde que los demás tenían niveles de anticuerpos contra el SARS-CoV-2 similares a los de las personas con ‘superinmunidad’ y eran capaces de neutralizar una gran cantidad de variantes del virus.